Capítulo 7

Gestión escolar: el tutor en la institución

El acompañamiento individual necesita una escuela que lo sostenga.

Teóricos clave

Quiénes sostienen este capítulo

El tutor no acompaña en el vacío: estos autores explican el cambio en la escuela, la organización que aprende y los sistemas que rodean al estudiante.

Retrato de Michael Fullan

Michael Fullan 1940–

Investigador del cambio educativo · Canadá

Big idea. El cambio educativo es un proceso, no un evento: requiere capacidad colectiva, liderazgo en todos los niveles y coherencia. No se decreta desde arriba; se construye con la gente.

En la práctica. La acción tutorial perdura si la escuela la asume como cultura, no como tarea de un docente aislado: necesita liderazgo y estructuras que la sostengan.

Iniciación Implementación Institucio-nalización cambio sostenido = capacidad colectiva + liderazgo + coherencia
El cambio dura cuando llega a institucionalizarse, sostenido por la cultura de la escuela.
Retrato de Peter Senge

Peter Senge 1947–

Teórico organizacional · EE. UU.

Big idea. La organización que aprende se apoya en cinco disciplinas: dominio personal, modelos mentales, visión compartida, aprendizaje en equipo y pensamiento sistémico (la quinta, que integra a las demás).

En la práctica. Una escuela que acompaña bien es una que aprende de sí misma: el tutor forma parte de un equipo con visión compartida que revisa sus propios supuestos.

Visióncompartida Aprendizajeen equipo Dominiopersonal Modelosmentales Pensamientosistémico
El pensamiento sistémico integra las otras cuatro disciplinas en la quinta disciplina.
UB BRONFENBRENNER

Urie Bronfenbrenner 1917–2005

Psicólogo · EE. UU. · (retrato ilustrado: sin foto de licencia libre)

Big idea. El modelo ecológico: el desarrollo ocurre dentro de sistemas anidados — microsistema (aula, familia), mesosistema (sus relaciones), exosistema y macrosistema (la cultura) — a lo largo del tiempo.

En la práctica. El tutor conecta aula, familia y centro: el estudiante vive en todos esos sistemas a la vez, y acompañarlo exige mirarlos juntos, no solo el aula.

Estudiante Microsistema Mesosistema Exosistema Macrosistema · cultura (y el tiempo: cronosistema)
El estudiante vive en sistemas anidados; el tutor teje las relaciones entre ellos.

Retratos: Wikimedia Commons — Fullan (dominio público), Senge (CC BY-SA 4.0). Bronfenbrenner: retrato ilustrado (sin foto de licencia libre).

Hasta aquí hemos hablado de la tutoría como una relación: un tutor que escucha, observa y acompaña a un estudiante. Esa relación es el corazón del trabajo, pero no flota en el aire. Ocurre dentro de una institución que asigna horarios, reparte grupos, fija prioridades y decide qué cuenta como trabajo legítimo. Cuando la escuela no reserva tiempo para tutorar, no coordina lo que hace cada tutor ni reconoce esa labor, el acompañamiento se sostiene solo gracias al esfuerzo personal de quien lo ejerce, y eso lo vuelve frágil.

Este capítulo cambia el foco: del tutor a solas con el estudiante a la escuela completa. La tutoría no es solo una tarea del tutor, es una tarea de la institución. La orientación y la acción tutorial operan en tres niveles, del más cercano al alumno al más amplio del sistema. Cada nivel tiene un responsable, una función y un alcance distintos, y el tutor del aula necesita que los otros dos funcionen.


Un mapa de tres planos

Aula, centro y sistema

Los tres niveles son concéntricos, no una cadena de mando. El alcance crece del aula, donde la acción es directa y cotidiana, hasta el sector, donde es indirecta y de apoyo. El estudiante está siempre en el centro. Lo que cambia entre un plano y otro es quién actúa, con qué instrumento y sobre cuántas personas.

Nivel 1 · Aula

El tutor

Responsable: el profesor-tutor.

Función: acción directa y cotidiana con el grupo.

Instrumento: la programación de aula y el Plan de Acción Tutorial (PAT).

Alcance: el grupo-clase y cada estudiante.

Es el nivel más próximo al alumno. Aquí se materializa la tutoría: la entrevista, la observación, el seguimiento del grupo, la detección temprana de quien empieza a desengancharse. El tutor hace el trabajo de relación que ningún otro nivel puede hacer por él, porque nadie más está cada día frente a ese grupo.

Nivel 2 · Centro

El departamento de orientación

Responsable: el departamento o la unidad de orientación.

Función: diagnóstica e interventora; coordina y apoya a los tutores.

Instrumento: el Plan de Orientación y Acción Tutorial del centro.

Alcance: toda la institución.

Articula la coherencia entre aulas y da el soporte especializado que un tutor solo no puede cubrir: evaluación psicopedagógica, derivación de casos, materiales comunes, criterios compartidos. Sin este nivel, cada tutor improvisa por su cuenta y lo que funciona en un grupo no llega a los demás.

Nivel 3 · Sistema

Los equipos de zona

Responsable: los equipos de orientación educativa y psicopedagógica de zona.

Función: acción indirecta, externa y de apoyo a varios centros.

Instrumento: asesoramiento de zona, evaluaciones especializadas, recursos sectoriales.

Alcance: un sector, una zona o un área educativa.

Es el nivel sistémico. Conecta los centros con la administración y con los recursos especializados que ninguna escuela tiene por sí sola. Cuando un caso excede al departamento del centro, este nivel aporta la mirada externa y los servicios de la zona.

Cómo leer el mapa

El tutor del Nivel 1 hace la tutoría; el Nivel 2 la coordina y la sostiene dentro del centro; el Nivel 3 la respalda desde fuera. La acción tutorial es un mismo proceso de orientación con tres radios de alcance. Por encima de los tres opera además un macro-nivel, el del sistema educativo y la administración, donde la orientación se diseña, se norma y se financia como política. A ese plano volvemos al cierre del capítulo.


Lo que sostiene la tutoría

La gestión y el liderazgo habilitan el acompañamiento

Que existan tres niveles no garantiza que funcionen. Lo que los hace funcionar es la gestión escolar: el modo en que el centro gobierna sus decisiones, reparte el tiempo y coordina a las personas. La gestión escolar es una de las columnas básicas de la eficiencia de cualquier institución educativa, y se relaciona con los aprendizajes, los profesores y el currículo (Rivera Badillo y Cavazos Arroyo, 2015). Dicho de otro modo: el acompañamiento que el tutor da en el aula depende de decisiones que se toman en la dirección del centro.

Esas decisiones tienen nombres concretos. Para que la tutoría suceda, el centro tiene que reservar tiempo lectivo para tutorar, asignar grupos de tamaño manejable, coordinar a los tutores entre sí, dar acceso al apoyo del departamento de orientación y reconocer la labor como parte del trabajo, no como un añadido voluntario. Nada de esto lo decide el tutor: lo decide la gestión del plantel.

De la fuente

Rivera Badillo y Cavazos Arroyo, retomando a Garín y Castro (2010), sintetizan cuatro factores clave de la dirección escolar que inciden en la calidad de la gestión: que la dirección esté implicada en todos los procesos de gestión del centro, que se ejerza de forma participativa, que la autonomía institucional sea la garantía de un desempeño eficaz y que se atienda el escaso atractivo de la función directiva. Los tres primeros explican por qué un PAT del centro solo prospera con una dirección que lo asuma, lo comparta y tenga margen para sostenerlo.

El liderazgo es la otra mitad. Los autores recogen que la actuación de los líderes afecta el ambiente y la cultura de la organización escolar, y que su ausencia obstaculiza el cambio y la mejora (Rivera Badillo y Cavazos Arroyo, 2015). Entre los rasgos que su estudio identifica en los directivos están el trabajo en equipo, la toma de decisiones colegiada y la gestión humanista, esto es, la detección de las necesidades de los colaboradores. Esos mismos rasgos son los que permiten que un claustro construya un plan de tutoría compartido en lugar de dejar a cada tutor a su suerte.

La gestión escolar es una herramienta que sistematiza las acciones dirigidas al logro de las metas y objetivos propuestos. Rivera Badillo y Cavazos Arroyo (2015)

Lo que esto significa para el tutor es directo. El acompañamiento no se sostiene solo con vocación. Se sostiene cuando la gestión convierte la tutoría en una prioridad del centro y le da las cuatro cosas que necesita: coordinación entre quienes la ejercen, tiempo en el horario, recursos de apoyo y un plan de tutoría que sea de la institución y no de un profesor aislado.

  1. Coordinación. Los tutores no trabajan en paralelo sino articulados por el departamento de orientación, con criterios y materiales comunes.
  2. Tiempo. Hay horas lectivas reservadas para la tutoría; sin ellas, el acompañamiento se hace en los huecos y se vuelve opcional.
  3. Recursos. El tutor tiene acceso a apoyo especializado del centro y de la zona cuando un caso lo excede.
  4. Plan del centro. Existe un PAT institucional que da continuidad y coherencia entre grupos, etapas y años.

Del aula al sistema

El tutor como agente de la escuela

Hay un último giro. Cuando el centro sostiene la tutoría, el tutor deja de ser solo alguien que ayuda a un estudiante y pasa a ser un agente de la escuela. Su trabajo cotidiano, la detección temprana de quien falta, baja o se aísla, es exactamente el mecanismo que la institución usa para no perder a sus alumnos. El acompañamiento personalizado del aula es la pieza con la que la escuela mueve sus propios resultados.

Ese mismo mecanismo, mirado desde arriba, es una palanca de política pública. La acción tutorial deja de ser una práctica de aula y se vuelve política cuando se institucionaliza como medio para reducir el abandono, cerrar brechas de equidad y mejorar la permanencia y el egreso (González-Benito y Vélaz de Medrano, 2015). Lo preventivo del tutor se traduce en sistemas de alerta temprana; lo personalizado, en iniciativas focalizadas en los estudiantes más vulnerables; lo continuo, en programas que acompañan toda la trayectoria. El gesto del tutor que repara en una ausencia es la unidad mínima de una política de equidad.

Por eso el mapa de tres niveles se cierra hacia arriba. El tutor actúa en el aula, el centro lo coordina, la zona lo respalda y el sistema lo convierte en política. La advertencia es la misma en los dos extremos: una tutoría sin relación se vacía en burocracia, y una política de tutoría que solo persigue indicadores corre el riesgo de perder su núcleo, que es el vínculo entre una persona que acompaña y otra que es acompañada.

La idea del capítulo

La tutoría es buena para el estudiante y buena para la escuela. Lo primero exige un tutor que acompañe; lo segundo, una institución que lo habilite. Cuando ambas cosas coinciden, el tutor se vuelve agente de mejora del centro y la tutoría se vuelve palanca del sistema.


Referencias

González-Benito, A., y Vélaz de Medrano, C. (2015). La acción tutorial en el sistema escolar. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Rivera Badillo, J. M., y Cavazos Arroyo, J. (2015). La importancia de la gestión y el liderazgo escolar en las instituciones de Educación Media Superior Tecnológica (CETIS y CBTIS) del estado de Tlaxcala. RIDE Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo, 6(11).